dilluns, 3 de desembre de 2007

Mor Paco Candel l'escriptor del poble

Adéu, Candel, amic


Isabel-Clara Simó
La mort de Paco Candel no ha estat una sorpresa per als qui seguíem de prop l'evolució de la seva malaltia, car sabíem que tenia la salut tan deteriorada que ja no hi cabien les esperances. De Candel m'agradaria destacar-ne quatre obvietats, que no per òbvies són menys importants. La primera és l'enorme quantitat de gent que l'estimaven, tenint present que entre els seus amics n'hi havia de diverses tendències polítiques. La segona és que el seu nom figurarà per sempre en la historiografia catalana per la seva aportació sobre allò que va encunyar com els altres catalans, car va ser el primer que va retratar els patiments, les esperances i l'evolució dels immigrants procedents d'Espanya i que ho va fer des de dins, perquè va ser un d'ells i els coneixia tan bé com a si mateix. La tercera és que, ultra aquesta aportació, Candel ens ha deixat un nombre molt elevat de llibres literaris, sobretot novel·les, algunes d'una rellevància literària molt notable. I la quarta és que Candel va estar sempre al costat dels marginats i els qui patien, i així ho va palesar en la seva abundant col·laboració en la premsa.
Quan jo el vaig conèixer, Candel, procedent del Racó d'Ademús i castellanoparlant, em parlava en castellà; pocs anys després, em parlava en català; i anys després va escriure alguns llibres en català, formant part així de la literatura catalana. Aquesta evolució la va fer sense esforç, no per servir els interessos de ningú sinó per simple amor al país, Catalunya, que era, com és evident, el seu propi país. Recuperar i divulgar la seva obra és ara una tasca cívica que hem de fer entre tots.

Hemingway te estaba esperando



24/11/2007

ARTURO SAN AGUSTÍN
El problema de Paco Candel, gorrión con frío, enfermo de la posguerra, los pulmones, todo aquello, es que era buena persona y eso nunca favorece al escritor. Además, fue sinceramente de barrio y para ser sinceramente de barrio y triunfar para siempre en ciertas cosas de la cultura, aquí, en Barcelona, has de tener padrinos burgueses. Burgueses como aquel poeta que se lo bebía todo y acababa siempre apalizado por algún chapero. Burgueses como esos que describe Esther Tusquets, quien acaba de asegurar que ella será siempre una señora.Herramienta de escritorPaco, que anduvo un tiempo en las políticas, le copió la barba a su admirado Hemingway. Y el pañuelo en el cuello, pañuelo contra la faringitis, se lo copió a Stewart Granger, que también tiró mucho en la sabana africana. Estas cosas, la barba y los pañuelos en el cuello, son necesarias cuando uno nace o vive en un verdadero barrio y decide permanecer sinceramente en él. Porque así como algunos utilizan el barrio, sus boquerones y cervezas solo como escenario de sus fotos, sus entrevistas y sus televisiones, Paco nunca lo abandonó. Siempre vivió en su barrio.La barba fue durante mucho tiempo herramienta de escritor, pero la de Paco era algo más que eso. La barba de Paco era una barba que te contaba las aventuras que él sabía que nunca podría vivir. La barba de Paco mereció mejor suerte, pero ahí estaba: siempre muy dispuesta en una cara bondadosa y solidaria. Cuando ya era famoso, incluso querido, yo siempre veía triste a Paco. Triste, pero con aparente buen humor. Los buenos de verdad, los solidarios, son así. Pasean una tristeza profunda, pero siempre son amables contigo y te preguntan por la mujer y los hijos, aunque no los tengas.No creo que Paco cruzara alguna vez un paso de peatones con el disco en rojo. Ni que entrara en una habitación o casa sin llamar antes a la puerta. Paco era un tipo sobrio, aparentemente frágil, y siempre parecía andar con la enfermedad. Con la propia y con la ajena. Paco tenía la risa pronta, pero breve. Aquella tristeza profunda tan suya, que quizá era simple responsabilidad --y yo me entiendo-- a veces parecía admirar a ciertos golfos de la literatura que, poco a poco, vamos descubriendo que solo eran audaces con la lengua.Creo que al final, quizá demasiado tarde, Paco encontró eso que llamamos amor y que es mucho mejor que la literatura. Lo vi con mis propios ojos y me alegré. Alguien lo había transformado incluso físicamente. O sea, que aquello olía a amor y por eso no lo saludé. Me limité a mirarlo y a comprobar que le habían extirpado su profunda tristeza.Mira, Paco, déjame hoy insistir con el tango. Déjame imaginarte con atuendo porteño, mandando en el adoquín y en el barrio. Déjame imaginarte audaz, con un poco de tacón, sombrero, pañuelo y chaqueta muy ceñida. Déjame imaginarte casi apache mientras el bandoneón de mi amigo Marcelo Mercadante se pone en marcha. "En la pared de la vida normal/ bajo la sombra de los balcones/ una mancha/ nube de otoño/ como si el cielo pensara humedad."Chau, viejo.

Y sin embargo, está



24/11/2007

GENÍS Sinca
Son las 4.45 de la madrugada. Me llama Joana Gardés, compañera de Candel: "Tienes que venir: ha muerto Paco". Cuando llego a L'Aliança (5.10), las enfermeras ya le están preparando. "Me he tumbado con él --me explica Joana--; le he hablado de nuestro viaje a la cuna de San Francisco de Asís 2003, y de repente ya no estaba". Y, sin embargo, está. Llega Madueño (5.20) ¡que tío! Luego Marujita, la hija de Candel, ¡Qué tía! Se le da el pésame. Pequeño lío de papeles y pitando para Sancho de Ávila. Conduce Joana. Vamos ella y yo. Se aparca donde se puede, o sea, justo delante. 5.40: escogemos caja, sencilla, casi blanca. Barata. Una ambulancia llevará el cuerpo al tanatorio. Mientras, tremenda epopeya para conseguir un hábito franciscano, con la cuerda y todo. "Es que Paco lo quería así --afirma Joana--. ¡Ah! y con el pin-senyera que le regaló Jordi Pujol".A las 6.20 se despiertan los medios. La tele y la radio se vuelven locas. ¡Ha muerto Candel, ha muerto Candel! Me vuelven loco a mí. Se hace lo que se puede. Se les atiende: Paco ha muerto sin sufrir, después de una larga enfermedad. Fue joven tuberculoso. Le faltaba un pulmón y medio. Respiraba con dificultad. Un superviviente nato: aprendió a sufrir, a escribir con serenidad. 50 libros en total. Ahí es nada. Voz de los sin voz. El escritor de los pobres. Los tópicos candelianos de siempre. Publicaba en todas partes, etcétera. He contabilizado más de 1.500 artículos en total. Ya ves. Toda una vida de escribir. ¡Qué tío, el Paco! ¿Qué vamos a decir? Pues que era un tipo especial, claro que sí, una persona comprometida, que ya es decir. Su barrio, sus cosas, su gente.7.30. Ahora Basté, después Bassas. También Cuní. Taxi a toda velocidad. Me afeito. Me ducho. Corbata y americana. ¡Que no llego a TV-3! Pero al final, sí. (9.15) Hablo en directo sobre Candel: "Una vez me contó que-". Me emociono. ¡Qué tonto! Suerte que en la tertulia está Culla, mi profesor de historia de Catalu-nya. Cuní me guiña un ojo (gracias). Todos hablan de Candel (qué bien). 10.15. Entrevista con Maria Gorgues, un clásico de TV-3. Sabe cosas de Candel. Taxi de vuelta. Voy a casa. Mails a rebosar: todo sobre él.Son las 12.30. Pillo el metro. Corriendo al Palau de la Generalitat. No me quiero perder nada. Al estilo Huertas, al estilo Candel. Reencuentro a mis amigos de la Fundació Candel. También a Terribas, ¡qué bien que está! Es patrona de la fundación. También le fascina Candel. Estamos todos fascinados. Entra el féretro a Palau. 13.30. Detrás, Montilla, Hereu, Joana, Terribas y un servidor. Pasan las horas. Vienen todos: Maragall, Pujol, Saura, Carod, Puigcercós (me dejo a muchos, perdón), también los anónimos. Todos sienten la muerte del Paco. Si no, compruébenlo ustedes hoy, a las doce en la parroquia de Port. El Paco ha muerto y, sin embargo, estará.

El cronista de los 'altres catalans' Paco Candel fallece a los 82 años




MARC ANDREU

24/11/2007 ADIÓS A UN GRAN BARCELONÉS

LA FIGURA COMPROMETIDA

Ha muerto un hombre, se ha roto un paisaje. O más: el de los barrios de la Zona Franca, el de la Barcelona obrera y metropolitana, y el de la Catalunya de la inmigración, la de los altres catalans. Con Francesc, Paco, Candel (Casas Altas, Valencia, 1925), fallecido la madrugada de ayer en Barcelona a los 82 años, se rompen --aunque pervivirán en sus 57 libros-- los paisajes y la gente que vivió, unió y describió este prolífico cronista, humanista y de izquierdas, elegido senador de la Entesa en 1977 con 1.280.928 votos y concejal de L'Hospitalet por el PSUC en 1979.Candel, autor del célebre ensayo Els altres catalans --publicado en 1964 con ayuda de Jordi Pujol y Joan Reventós y que tuvo 15 ediciones y tres secuelas (1973, 1985 y 2001)--, murió tras una enfermedad que le hizo pasar el último año en una residencia. Lejos de la Zona Franca adonde llegó con 2 años desde el valenciano Rincón de Ademuz, entre Cuenca y Teruel, para quedarse y forjar allí su obra. Con sus padres, vivió incluso en la portería de la parroquia del Port, que hoy acogerá su funeral.Hay una juventud que aguarda (1956) fue su opera prima. En ella vertió su periplo de llevar sin éxito al Nadal y al Planeta la novela Brisa del cerro. En su debut novelístico, seguido por sus obras maestras Donde la ciudad cambia su nombre (1957) y Han matado a un hombre, han roto un paisaje (1959), Candel aunó la ficción con el periodismo local, el memorialismo y el compromiso social. Un estilo y visión de Barcelona que abrió la senda que seguirían periodistas como su amigo Josep Maria Huertas.OBRERO SIN NOBELSiempre humilde, el Candel que ironizaba con "merecer el Nobel" recibió la Medalla d'Or de la Generalitat en el 2003 y vio nacer en el 2005 una fundación con su nombre apadrinada por Huertas, Pujol, Josep Lluís Carod-Rovira y Joana Gardés. Esta, segunda pareja de Candel, le reanimó tras enviudar de Maruja Martínez, su esposa 48 años y madre de sus dos hijos.Tras una infancia "asilvestrada, preciosa y dilatada" entre la escuela republicana, la guerra civil y la primera posguerra, Candel debutó a los 15 años como obrero en un sinfín de oficios: mecánico, pintor de figurillas, contable... Tras superar la mili y la tuberculosis, plasmó su vivencia "por la entrepierna de la censura".Así afrontó al franquismo, que se ensañó con él. Por osar publicar en 1968 Ser obrero no es ninguna ganga. Y para evitar lo inevitable: que Els altres catalans fuera voz de la inmigración y altavoz, el PSUC y Pujol mediante, de la divisa "es catalán quien vive y trabaja en Catalunya".

Candel nos hizo de clase única



24/11/2007 OPUS MEI // JOSEP PERNAU


Hoy entierran a Paco Candel, y sus exequias deberían reunir una asistencia histórica, incluidos los partidos del Barça más recordados. Como los sepelios de Macià y Durruti, los más multitudinarios que se recuerdan. Con su idea de els altres catalans puso dignidad a la masa inmigrante, que había asumido los trabajos que la población autóctona despreciaba y que era calificada de "charnega".Catalunya está en deuda con Paco, una deuda que hoy puede acabar de pagar. Para el escritor, el cambio de actitud frente al llegado de otra tierra era la mejor compensación que podía recibir. Sus libros fueron un manual de convivencia de dos comunidades condenadas a entenderse, del que no se dispuso hasta la mitad del siglo XX. Afortunadamente, se entendió así y se recuperó el tiempo perdido. Cambiamos todos un poco, y él, hombre bueno y sencillo, nos pagó la atención que habíamos dedicado a su obra con una sonrisa de pedagogo satisfecho.Se impuso una nueva mentalidad que nos igualaba, con los mismos derechos el que llegaba que el que ya estaba aquí. Uno de estos altres catalans presidirá hoy el sepelio. Es José Montilla, todo un president nacido fuera del Principat. Si queda algún bárbaro que no acepta las ideas de Paco, que hoy comparte la población, no es más que la problemática excepción radical, excluyente y violenta que afecta a tantas ciudades del mundo.Acompañado por muchos altres catalans, que desde los miradores del Más Allá dirigirán sus ojos al rincón catalán del planeta Tierra, Paco Candel será testigo hoy de su entierro y sentirá un merecido orgullo ante una población agradecida por los problemas que sus ideas le han ahorrado. La suya habrá sido una muerte feliz.

Candel, de una pieza








JOSEP MARIA Espinàs
La teoría personalista dice que, en situaciones difíciles, a menudo aparece un hombre --quizá algún día será ya una mujer-- capaz de abrir un camino de superación y salvar el desastre. Puede haber una inspiración individual, pero yo creo que también existe una energía social que, en un momento concreto, provoca la aparición del personaje que lidera el enfrentamiento con un problema. En los 60, Catalunya sufría, bajo el franquismo, la amenaza de la pérdida de identidad. Y fue Francesc Candel quien, en su ámbito, encarnó una visión constructiva de la relación entre los catalanes de nacimiento y los "otros catalanes".Los que ya somos ancianos fuimos testigos directos del efecto Candel, que no fue un gesto momentáneo, sino la consecuencia de una convicción profunda y sostenida. Desde las páginas de Destino, tuve el privilegio de ser el primero, creo, de hablar del también primer libro de Candel. No creo que esto motivara el afecto que me demostró a lo largo de los años, porque lo cierto es que Candel era persona de buenos sentimientos para todos. La bondad personal no es un valor que haya que tenerse en cuenta en el mercado literario, pero parece, hoy, que disminuimos la calidad de un escritor si le atribuimos buena fe, carácter abierto, respeto a los demás.Hace unos días vi en el Canal 33 la reemisión de la entrevista que yo le había hecho en 1994, cuando aún se creía que una conversación de una hora, llena de matices, podía interesar a determinados espectadores. Vi en la pantalla a un Candel de una impresionante coherencia, con detalles irónicos y con capacidad de enternecerse. Y cuando habló de sus libros no hizo ninguna declaración pretenciosa. Decía que se limitaba a hablar de la gente que él conocía --y con la que vivía-- en las Cases Barates, Can Tunis, la Zona Franca...Y así nos ha dejado el retrato de un tiempo, un territorio y una gente que se asocia con la obra de algunos escritores norteamericanos o suramericanos. Pero Candel tenía el inconveniente de ser de aquí, y aún no se ha hecho --y creo que tendría que hacerse-- una antología de los personajes que ha retratado con un lenguaje lleno de color y una vivacidad narrativa excepcionales. Personajes a menudo pintorescos, pero llenos de verdad. Que él sabía mirar con humor y profunda piedad. Candel sabía cómo quería escribir y cómo quería vivir: con independencia.Independencia literaria e independencia personal. Pero una independencia al servicio de la comunidad catalana.