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dilluns, 3 de desembre del 2007

Hemingway te estaba esperando



24/11/2007

ARTURO SAN AGUSTÍN
El problema de Paco Candel, gorrión con frío, enfermo de la posguerra, los pulmones, todo aquello, es que era buena persona y eso nunca favorece al escritor. Además, fue sinceramente de barrio y para ser sinceramente de barrio y triunfar para siempre en ciertas cosas de la cultura, aquí, en Barcelona, has de tener padrinos burgueses. Burgueses como aquel poeta que se lo bebía todo y acababa siempre apalizado por algún chapero. Burgueses como esos que describe Esther Tusquets, quien acaba de asegurar que ella será siempre una señora.Herramienta de escritorPaco, que anduvo un tiempo en las políticas, le copió la barba a su admirado Hemingway. Y el pañuelo en el cuello, pañuelo contra la faringitis, se lo copió a Stewart Granger, que también tiró mucho en la sabana africana. Estas cosas, la barba y los pañuelos en el cuello, son necesarias cuando uno nace o vive en un verdadero barrio y decide permanecer sinceramente en él. Porque así como algunos utilizan el barrio, sus boquerones y cervezas solo como escenario de sus fotos, sus entrevistas y sus televisiones, Paco nunca lo abandonó. Siempre vivió en su barrio.La barba fue durante mucho tiempo herramienta de escritor, pero la de Paco era algo más que eso. La barba de Paco era una barba que te contaba las aventuras que él sabía que nunca podría vivir. La barba de Paco mereció mejor suerte, pero ahí estaba: siempre muy dispuesta en una cara bondadosa y solidaria. Cuando ya era famoso, incluso querido, yo siempre veía triste a Paco. Triste, pero con aparente buen humor. Los buenos de verdad, los solidarios, son así. Pasean una tristeza profunda, pero siempre son amables contigo y te preguntan por la mujer y los hijos, aunque no los tengas.No creo que Paco cruzara alguna vez un paso de peatones con el disco en rojo. Ni que entrara en una habitación o casa sin llamar antes a la puerta. Paco era un tipo sobrio, aparentemente frágil, y siempre parecía andar con la enfermedad. Con la propia y con la ajena. Paco tenía la risa pronta, pero breve. Aquella tristeza profunda tan suya, que quizá era simple responsabilidad --y yo me entiendo-- a veces parecía admirar a ciertos golfos de la literatura que, poco a poco, vamos descubriendo que solo eran audaces con la lengua.Creo que al final, quizá demasiado tarde, Paco encontró eso que llamamos amor y que es mucho mejor que la literatura. Lo vi con mis propios ojos y me alegré. Alguien lo había transformado incluso físicamente. O sea, que aquello olía a amor y por eso no lo saludé. Me limité a mirarlo y a comprobar que le habían extirpado su profunda tristeza.Mira, Paco, déjame hoy insistir con el tango. Déjame imaginarte con atuendo porteño, mandando en el adoquín y en el barrio. Déjame imaginarte audaz, con un poco de tacón, sombrero, pañuelo y chaqueta muy ceñida. Déjame imaginarte casi apache mientras el bandoneón de mi amigo Marcelo Mercadante se pone en marcha. "En la pared de la vida normal/ bajo la sombra de los balcones/ una mancha/ nube de otoño/ como si el cielo pensara humedad."Chau, viejo.

El cronista de los 'altres catalans' Paco Candel fallece a los 82 años




MARC ANDREU

24/11/2007 ADIÓS A UN GRAN BARCELONÉS

LA FIGURA COMPROMETIDA

Ha muerto un hombre, se ha roto un paisaje. O más: el de los barrios de la Zona Franca, el de la Barcelona obrera y metropolitana, y el de la Catalunya de la inmigración, la de los altres catalans. Con Francesc, Paco, Candel (Casas Altas, Valencia, 1925), fallecido la madrugada de ayer en Barcelona a los 82 años, se rompen --aunque pervivirán en sus 57 libros-- los paisajes y la gente que vivió, unió y describió este prolífico cronista, humanista y de izquierdas, elegido senador de la Entesa en 1977 con 1.280.928 votos y concejal de L'Hospitalet por el PSUC en 1979.Candel, autor del célebre ensayo Els altres catalans --publicado en 1964 con ayuda de Jordi Pujol y Joan Reventós y que tuvo 15 ediciones y tres secuelas (1973, 1985 y 2001)--, murió tras una enfermedad que le hizo pasar el último año en una residencia. Lejos de la Zona Franca adonde llegó con 2 años desde el valenciano Rincón de Ademuz, entre Cuenca y Teruel, para quedarse y forjar allí su obra. Con sus padres, vivió incluso en la portería de la parroquia del Port, que hoy acogerá su funeral.Hay una juventud que aguarda (1956) fue su opera prima. En ella vertió su periplo de llevar sin éxito al Nadal y al Planeta la novela Brisa del cerro. En su debut novelístico, seguido por sus obras maestras Donde la ciudad cambia su nombre (1957) y Han matado a un hombre, han roto un paisaje (1959), Candel aunó la ficción con el periodismo local, el memorialismo y el compromiso social. Un estilo y visión de Barcelona que abrió la senda que seguirían periodistas como su amigo Josep Maria Huertas.OBRERO SIN NOBELSiempre humilde, el Candel que ironizaba con "merecer el Nobel" recibió la Medalla d'Or de la Generalitat en el 2003 y vio nacer en el 2005 una fundación con su nombre apadrinada por Huertas, Pujol, Josep Lluís Carod-Rovira y Joana Gardés. Esta, segunda pareja de Candel, le reanimó tras enviudar de Maruja Martínez, su esposa 48 años y madre de sus dos hijos.Tras una infancia "asilvestrada, preciosa y dilatada" entre la escuela republicana, la guerra civil y la primera posguerra, Candel debutó a los 15 años como obrero en un sinfín de oficios: mecánico, pintor de figurillas, contable... Tras superar la mili y la tuberculosis, plasmó su vivencia "por la entrepierna de la censura".Así afrontó al franquismo, que se ensañó con él. Por osar publicar en 1968 Ser obrero no es ninguna ganga. Y para evitar lo inevitable: que Els altres catalans fuera voz de la inmigración y altavoz, el PSUC y Pujol mediante, de la divisa "es catalán quien vive y trabaja en Catalunya".

Candel nos hizo de clase única



24/11/2007 OPUS MEI // JOSEP PERNAU


Hoy entierran a Paco Candel, y sus exequias deberían reunir una asistencia histórica, incluidos los partidos del Barça más recordados. Como los sepelios de Macià y Durruti, los más multitudinarios que se recuerdan. Con su idea de els altres catalans puso dignidad a la masa inmigrante, que había asumido los trabajos que la población autóctona despreciaba y que era calificada de "charnega".Catalunya está en deuda con Paco, una deuda que hoy puede acabar de pagar. Para el escritor, el cambio de actitud frente al llegado de otra tierra era la mejor compensación que podía recibir. Sus libros fueron un manual de convivencia de dos comunidades condenadas a entenderse, del que no se dispuso hasta la mitad del siglo XX. Afortunadamente, se entendió así y se recuperó el tiempo perdido. Cambiamos todos un poco, y él, hombre bueno y sencillo, nos pagó la atención que habíamos dedicado a su obra con una sonrisa de pedagogo satisfecho.Se impuso una nueva mentalidad que nos igualaba, con los mismos derechos el que llegaba que el que ya estaba aquí. Uno de estos altres catalans presidirá hoy el sepelio. Es José Montilla, todo un president nacido fuera del Principat. Si queda algún bárbaro que no acepta las ideas de Paco, que hoy comparte la población, no es más que la problemática excepción radical, excluyente y violenta que afecta a tantas ciudades del mundo.Acompañado por muchos altres catalans, que desde los miradores del Más Allá dirigirán sus ojos al rincón catalán del planeta Tierra, Paco Candel será testigo hoy de su entierro y sentirá un merecido orgullo ante una población agradecida por los problemas que sus ideas le han ahorrado. La suya habrá sido una muerte feliz.

Candel, de una pieza








JOSEP MARIA Espinàs
La teoría personalista dice que, en situaciones difíciles, a menudo aparece un hombre --quizá algún día será ya una mujer-- capaz de abrir un camino de superación y salvar el desastre. Puede haber una inspiración individual, pero yo creo que también existe una energía social que, en un momento concreto, provoca la aparición del personaje que lidera el enfrentamiento con un problema. En los 60, Catalunya sufría, bajo el franquismo, la amenaza de la pérdida de identidad. Y fue Francesc Candel quien, en su ámbito, encarnó una visión constructiva de la relación entre los catalanes de nacimiento y los "otros catalanes".Los que ya somos ancianos fuimos testigos directos del efecto Candel, que no fue un gesto momentáneo, sino la consecuencia de una convicción profunda y sostenida. Desde las páginas de Destino, tuve el privilegio de ser el primero, creo, de hablar del también primer libro de Candel. No creo que esto motivara el afecto que me demostró a lo largo de los años, porque lo cierto es que Candel era persona de buenos sentimientos para todos. La bondad personal no es un valor que haya que tenerse en cuenta en el mercado literario, pero parece, hoy, que disminuimos la calidad de un escritor si le atribuimos buena fe, carácter abierto, respeto a los demás.Hace unos días vi en el Canal 33 la reemisión de la entrevista que yo le había hecho en 1994, cuando aún se creía que una conversación de una hora, llena de matices, podía interesar a determinados espectadores. Vi en la pantalla a un Candel de una impresionante coherencia, con detalles irónicos y con capacidad de enternecerse. Y cuando habló de sus libros no hizo ninguna declaración pretenciosa. Decía que se limitaba a hablar de la gente que él conocía --y con la que vivía-- en las Cases Barates, Can Tunis, la Zona Franca...Y así nos ha dejado el retrato de un tiempo, un territorio y una gente que se asocia con la obra de algunos escritores norteamericanos o suramericanos. Pero Candel tenía el inconveniente de ser de aquí, y aún no se ha hecho --y creo que tendría que hacerse-- una antología de los personajes que ha retratado con un lenguaje lleno de color y una vivacidad narrativa excepcionales. Personajes a menudo pintorescos, pero llenos de verdad. Que él sabía mirar con humor y profunda piedad. Candel sabía cómo quería escribir y cómo quería vivir: con independencia.Independencia literaria e independencia personal. Pero una independencia al servicio de la comunidad catalana.

dilluns, 26 de novembre del 2007

'Els altres catalans'. Tres palabras




26/11/2007 EL TURNO // MÒNICA TERRIBAS
Paco Candel nos deja, entre otras cosas, estas tres palabras. No todo el mundo es capaz de construir una frase que tenga la capacidad de profundizar en una cuestión tan compleja como la inmigración. Todos los días surgen frases que se convierten en sentencias célebres que permiten chistes durante un tiempo, ya sean dichas por un rey o por un súbdito. Incluso somos capaces de asimilarlas y convertirlas en modelos lingüísticos. En cambio, hay personas que tienen la capacidad intelectual de definir con tres palabras realidades delicadas que constituyen pensamiento. Nadie puede discutir la fuerza de estas tres palabras. Dichas en aquel momento, cuando nadie describía todavía con rotundidad la realidad de esos otros, Paco Candel lo hizo. Y siguió describiendo lo que veía, sin aspavientos, sin voluntad de generar todos los días una nueva sentencia que hiciera fortuna.Hoy los personajes públicos viven la esclavitud de ser constantemente brillantes. Las empresas periodísticas pagan por formular ocurrencias contrastadas con las ocurrencias de los otros, y así se construye lo que llamamos la opinión pública. Y si la ocurrencia la dice alguien que es una cara conocida, mejor, porque a estas alturas ya resulta difícil saber si la opinión se pide por lo que se piensa o por el peso que se tiene en horas de televisión, de cine o de radio. Las frases tienen peso solo si se dicen con palabras contundentes, porque es cuando se comentan y se reproducen e, incluso, cuando se imitan durante semanas para pasar a formar parte del imaginario colectivo. Pero una vez superada la inflamación, nadie recordará donde recibió la picadura. La de Candel, sí.Esta es la fuerza de los que saben definir con pocas palabras un pensamiento que deja poso. Nos alimentamos de estos sabios, que siempre se van sin ser muy conscientes del impacto que dejan. En el caso de Candel, habernos ayudado a construir la convivencia, que no es poco. Habrá que ver si su pensamiento compensará sentencias que a veces contribuyen a destruirla, quizá sin querer, solo por ser ocurrentes.

dissabte, 24 de novembre del 2007

Centenars d'amics i veïns acomiaden Candel a la parròquia del seu barri



24/11/2007 14:57 h ADÉU AL XARNEGO UNIVERSAL
Centenars d'amics i veïns acomiaden Candel a la parròquia del seu barri
Centenars de persones d'origen divers, amics i veïns, personalitats del món cultural i polític han ofert avui el seu últim adéu a Paco Candel en un emotiu funeral celebrat a la parròquia del barri en què l'escriptor i periodista va viure bona part de la seva vida.El funeral per Candel, el xarnego universal i la veu dels immigrants i els més necessitats --mort ahir a Barcelona als 82 anys després d'una llarga malaltia--, ha tingut lloc a la parròquia de la Mare de Déu del Port de la Zona Franca.L'església s'ha quedat petita per donar cabuda a totes les persones anònimes que volien acomiadar-se de Candel, que poc després ha rebut sepultura al cementiri de Montjuïc, també pròxim al seu barri de sempre.Defensor dels pobresLa paraula escrita de Candel ha estat present en la cerimònia amb la lectura de Silencio, un poema inèdit de l'escriptor.El rector de la parròquia ha destacat durant l'acte el compromís de Paco Candel amb la realitat social que l'envoltava donant veu a aquells que no l'acaben de tenir, així com la defensa dels pobres, la seva elegància espiritual, prudència, respecte, tendresa i senzillesa.El president del Parlament, Ernest Benach, ha dit que Candel va canviar el curs de la història del país al ser capaç de donar valor a una paraula que de vegades no en té: cohesió social i coherència.Representació de la GeneralitatVeí del barri del Polvorí de Montjuïc, en què va basar algunes de les seves narracions, com Donde la ciudad cambia su nombre (1958), Paco Candel va ser autor de mig centenar de llibres, entre els quals destaca Els altres catalans.La capella ardent de Candel, que va rebre la Medalla d'Or de la Generalitat, va estar oberta ahir al Palau de la Generalitat de Catalunya.Al funeral han assistit, entre altres, el vicepresident de la Generalitat, Josep-Lluís Carod-Rovira, en nom del Govern, el conseller d'Interior, Joan Saura, el de Cultura, Joan Manuel Tresserras, i l'expresident de la Generalitat Jordi Pujol.
EFE BARCELONA